A 26 años del levantamiento de la quiebra

Se cumplen 26 años del fin de la quiebra del club, que había sido decretada por la Justicia en 1991. En el desenlace de este proceso que mantuvo en vilo a socios, hinchas y vecinos fue clave la participación del grupo de personas que constituyó la Comisión de Apoyo.

Por Edgardo Imas

El 13 de septiembre de 1994 fue nada menos la fecha en que Atlanta volvió a nacer. Ese día la Justicia dispuso el levantamiento de la quiebra que ella había dispuesto tres años antes y la restitución de la conducción del club a las últimas autoridades.

Esta resolución favorable no hubiera sido posible de no haber mediado la denodada intervención de la Comisión de Apoyo, constituida en 1991 y encabezada por el comerciante Ezequiel Kristal. En ella un grupo de socios batalló para torcer el destino y para lo cual fue necesario desprenderse del predio de la sede social, recuperado recién en 2007.

Los antecedentes

El proceso que desembocó en la quiebra fue producto básicamente de algunas gestiones directivas durante los años ochenta, en particular en la segunda mitad de la década. La crisis que el país vivió durante los nefastos años noventa y que repercutió en sectores de la clase media y los barrios porteños, y en los clubes y centros deportivos, a Atlanta llegó antes por una sucesión de desaguisados dirigenciales.

El mayor descalabro fue la gestión encabezada por el contador Aníbal Diman, quien a fines de 1986 había ganado las elecciones a la lista encabezada por Juan Chiarelli. En los hechos derivó en que tambaleara la estructura económica, deportiva, cultural y social de la institución. Desapareció el básquet, tradicional actividad del club; en el fútbol se vegetó en la tercera categoría; se trasladaron las oficinas administrativas del club a otro lugar fuera de Villa Crespo; se designó antiestatutariamente a un vicepresidente 3°, lo cual generó un conflicto con la AFA; se firmaron contratos con graves perjuicio para el club (por ejemplo, midget); deuda millonaria con Obras Sanitarias; pérdida de futbolistas profesionales por faltas reglamentarias y administrativas, lo cual privó a Atlanta de obtener recursos por su venta (Carracedo, Solaberrieta, Moschini y Giordano); despido de personal y profesores y falta de pago de salarios, lo cual derivó en decenas de pleitos judiciales con sentencia firme.

La situación apremiante hizo que gran parte de los miembros de la CD fuera presentando su renuncia, hasta que en junio de 1989, por acefalía total, asumieron la conducción los revisores de cuenta Jaime Bocian y Jorge Berrogain, quienes en agosto fueron sustituidos por una CD provisoria encabezada por Juan Chiarelli y Osvaldo Slinin, formada por acuerdo entre las agrupaciones existentes en el club. Esta CD completó el mandato de la anterior, hasta que en enero de 1990 asumió por tres años otra con Juan Chiarelli como presidente y Bernardo Kravestcki como vice 1°.

Con la llegada en julio de 1989 de una empresa gerenciadora, Excelens, del fútbol profesional, se logró el ascenso en junio de 1990 al Nacional B. Para afrontar este certamen, la empresa se retiró llevándose a sus jugadores, frente a lo cual el tándem Chiarelli-Kravestcki trajo un gran número de jugadores con contrato (varios de ellos no llegaron a jugar nunca). El equipo no conseguía resultados y el escándalo en el partido ante Cipolletti (el vice 1° ingresó a la cancha para agredir al referí Dellacasa hijo) selló el descenso de Atlanta.

Llega la faja de clausura

A todo esto, los dirigentes ya habían decidido solicitar el concurso preventivo de acreedores ante la catarata de pedidos de quiebra y telegramas que llegaban a diario a Humboldt 540. La velocidad galopante de la crisis económica fue diezmando a la CD con renuncias, hasta que quedaron como presidente y vice Leonardo Baczynski y Carlos Zilber, vocales de la CD de Chiarelli. Los diarios anunciaban el remate al mejor postor los futbolistas del plantel profesional.

El 22 de septiembre de 1991 el juez Miguel Federico Bargalló decretó la quiebra de nuestra institución y designó como administradores de Atlanta al síndico del concurso, Cipriano Rodríguez, y a Enrique Ragatuso, coadministrador judicial. El día 25 se fajaron todos los accesos a las instalaciones del club (sede social y estadio) y por disposición judicial quedaron suspendidas todas las actividades. El último partido Atlanta lo había jugado el 21 de ese mes, con la dirección técnica del exjugador bohemio Eduardo Lendoiro, empatando sin goles en su visita a Deportivo Armenio, que fue local en Defensores de Belgrano.

Comenzaron tras el duro golpe, las primeras reuniones de socios, convocadas para resolver qué hacer. Gracias a las incansables gestiones de la Comisión de Apoyo conformada, el juez Bargalló autorizó el 22 de noviembre la vuelta únicamente del fútbol profesional. Atlanta regresó el 27 de noviembre de 1991: perdió 1-0 ante Sarmiento de Junín , actuando como local en All Boys. Más tarde, el juzgado habilitó la vuelta al estadio León Kolbowski: el 14 de diciembre, el Bohemio regresó a Humboldt, cayendo 2-1 ante San Miguel.

La vuelta contó con el apoyo de la gran mayoría de los clubes de AFA que participaban en la categoría. Debió ponerse al día con el programa de partidos jugando martes, jueves y sábado. El experimentado defensor Fernando Zappia pasó a ser el DT del juvenil equipo, donde también estaba el ídolo Alfredo Torres, en su última etapa como jugador profesional. Con muchos obstáculos para entrenar y ni hablar de cobrar, Atlanta terminó último pero pudo mantener la categoría. El compromiso con el club de aquellos jugadores profesionales y juveniles que actuaron en esa temporada fue también fundamental para poder sortear esa crisis institucional cuasiterminal.

El club, nuevamente a sus socios

La sede social fue vendida para levantar la quiebra. De esto modo hubo una cesión de créditos de los numerosos acreedores de la quiebra a favor de Consucont S.A., compradora del predio, al que transformó durante 15 años en un baldío.

Con el tiempo se logró habilitar la vuelta del fútbol de inferiores e infantiles y la histórica escuelita de Cacho en el gimnasio bajo platea. Comenzó en 1993 una fuerte campaña de conscripción de socios. Los resultados en fútbol profesional comenzaron a acompañar y se consolidó una base de jugadores formados en inferiores, de alguna manera “hijos de la quiebra”, que junto al ídolo Fabián Castro, lograrían en junio de 1995 el ascenso al Nacional B.

El 13 de septiembre de 1994 la Justicia restituyó la conducción del club a las autoridades que estaban antes de la clausura, Baczynski-Zilber, quienes convocaron a una rápida normalización y en noviembre asumió una lista única encabezada por Julio Jablkowski, actual vicepresidente de Atlanta.

Culminaba así un proceso de decadencia institucional, ante el peligro real e inminente de la desaparición, con socios e hinchas sumidos algunos en crisis existenciales y depresiones, y otros en una mezcla de indiferencia y rencor.

El papel de la Comisión de Apoyo al Club Atlético Atlanta fue clave. Ezequiel Kristal, un comerciante de indumentaria de cuero, fue el verdadero motor de ella. Lo secundaron en la comisión los doctores Miguel Ángel Broda, Lucio Ibáñez y José Alberto Apaz; el licenciado Enrique Fabrizio; el ingeniero Omar Civale, y los señores Alberto Mirmulstein, Alfredo Mórtola, Mario Schofrin, Carlos Waisman, Marcelo Aceto, Julio Jablkowski, Federico Lucio, Gustavo Rubinsztein, Gerardo Lercari, Fabián Crudelli, Roberto Lopatin, José Sal, Fernando Szereszewski, Mariano Laski y muchos más que aportaron horas de sueño para realizar todo tipo de gestiones: desde cocinar para los jugadores y cortar el césped del campo de juego hasta entrevistas con el juez y el síndico, además de aportar dinero para poder mantener viva la llama bohemia ante el difícil trance.

A ese grupo de indispensables que, con fe, sacrificio y mucho amor, nunca bajaron los brazos y lograron lo que parecía imposible: salvar a Atlanta.

En nombre del pueblo bohemio, ¡gracias eternas!

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