Le alcanzó un segundo a la noche para volverse inolvidable. Porque -habrá que ser justos- lo ocurrido hasta ese instante mágico no tenía nada de extraordinario: un Atlanta que genera la ilusión de que ganará fácil pero se termina deshilachando; un Armenio que se olvida de sus pésimos antecedentes para complicarlo -y mucho-, y que pese a su buen partido después apela a las malas artes para tratar de asegurar un punto. Cosas similares ya se habían visto muchas otras veces por Villa Crespo en mayor o menor medida, para qué negarlo. Pero ese momento sublime a los 50 minutos del segundo tiempo, cuando Luciano Pons recibió en el área esa pelota que todo goleador sueña y la clavó de volea en el arco de Monllor, le dio sentido a todo el argumento. Y entonces había valido la pena aguantar el frío cruel en la tribuna, y la impotencia para crear juego ofensivo, y los jugadores rivales tirándose al piso ante la pasividad del árbitro. Todo quedó impregnado de felicidad, porque Atlanta finalmente le ganó 2-1 a Armenio y dio otro paso para poder soñar con dar pelea en este campeonato.
Por Federico Kotlar (@fkotlar)
Aníbal Biggeri tuvo que encarar este partido con una defensa inédita debido a las suspensiones de Alonso y Federico Pérez. Podestá volvió al lateral tras haber estado lesionado, Otermín quedó como primer defensor central y a la punta izquierda pasó Esmaíl, quien originalmente es zaguero. Muchos cambios, que Atlanta terminaría padeciendo en el desarrollo del partido.
El comienzo del partido, de todas maneras, mostró a Atlanta en el previsible lugar de dominador. Más allá de los primeros titubeos en defensa, era claramente el que estaba más cerca de abrir el marcador. Algo que casi consigue a los 10 minutos, cuando Pons dejó a Mancinelli mano a mano, el centro atrás fue desviado y Cequeira mandó un remate posterior que controló con dificultad Monllor.
Los buenos augurios quedaron ratificados a los 18, cuando llegó el gol: Cardozo se llevó la pelota con mucha habilidad por izquierda y mandó un buen centro que Pons consiguió bajar en el área. La pelota le quedó a Mancinelli, quien definió con un zurdazo furioso desde el borde del área chica que venció las manos del arquero.
La confianza se adueño del público en Villa Crespo luego del primer gol. Sobre todo cuando apenas un minuto después del gol Mancinelli dispuso de un mano a mano y remató apenas desviado. El partido parecía estar a punto para quedar liquidado. Si bien no se puede nunca subestimar a un rival, el antecedente estadístico con el que llegaba Armenio era muy pesado: no sólo estaba último en el torneo, sino que había marcado apenas dos goles en diez partidos en el campeonato. ¿Podía ese equipo complicar a un Atlanta que intenta pelear arriba? Sí, podía.
El visitante empezó de a poco a animarse a ir cada vez con más empuje contra el arco de Losada. Y encontró un hueco en la derecha de la defensa de Atlanta, donde Molina se las ingeniaba para ganar siempre en el mano a mano contra Podestá. Así, en dos jugadas sucesivas -primero en una pelota parada preparada y después en un desborde de Molina que no llegó a empujar Montero- Armenio estuvo a punto a los 28 y a los 29 minutos de alcanzar el empate. Para colmo de males, a los 31 Claudio Verino tuvo que dejar la cancha con una molestia e ingresó el juvenil Imanol Castro, que pasó a integrar la dupla central con Otermín. Otro parche para una defensa que ya llegaba con demasiados remiendos.
Aunque sufría atrás, daba todo el tiempo la impresión de que Atlanta podía liquidar el partido en cualquier momento ante la llamativa inseguridad de la última línea rival: a los 42 minutos Olego desperdició una chance inmejorable para establecer una diferencia más amplia cuando entró al área con pelota dominada pero mano a mano definió al cuerpo de Monllor. El primer tiempo se fue así con una diferencia que dejaba el partido abierto.
En seguida en el complemento, Armenio se encargó de facturar la inestabilidad de la última línea de Atlanta. Iban 3 minutos cuando Nelson González salió jugando del fondo y una buena combinación dejó a Rojas de cara al gol. El ex Atlanta definió con suavidad sobre la salida de un Losada demasiado adelantado y puso el empate. Inesperado por lo anterior al partido, pero nada que sorprendiera demasiado por cómo estaba planteado el trámite.
Los padecimientos de Atlanta no habían hecho más que comenzar con el gol. Las dudas se acentuaron con el empate y los huecos atrás parecían cada vez más grandes. Sobre todo en el costado derecho de la defensa, donde Podestá no lograba hacer pie contra Molina ni contra el recién ingresado Cantero, Mancinelli parecía demasiado agotado como para ayudar y el juvenil Castro no llegaba tampoco a cerrar.
A veces en manos de Losada, que tapó un mano a mano clarito a los 10, y otras directamente encomendado al azar, Atlanta apenas alcanzaba a sostener como local un empate que no servía contra el último del campeonato. Arriba, además, había perdido frescura. Apelaba mucho al pelotazo y encima Olego desperdició dos de esas buenas chances que costaba mucho generar: la primera a los 21, cuando falló la última entrega en un contraataque en el que había tres jugadores de Atlanta contra uno de Deportivo Armenio; la segunda a los 26, con una volea que salió demasiado débil, a las manos de Monllor.
Las situaciones para Armenio se fueron amontonando, mientras Atlanta luchaba, entre los nervios y la incredulidad. Pero en el tramo final del partido, el visitante pareció empezar a conformarse con el empate. Sus jugadores comenzaron a demorar el partido de una manera grotesca ante la pasividad del árbitro, y la temperatura del partido subió, a pesar del frío gélido que recorría Villa Crespo.
Casi por obligación, Atlanta fue hasta el final a buscar el triunfo. Todos, dentro y fuera del campo de juego, parecían resignados. Gutiérrez dio apenas cuatro minutos de descuento, pero como los jugadores de Armenio continuaron insólitamente con las demoras, adicionó dos más.
En el fondo de la olla que dejaba el partido, apareció el alimento necesario para el goleador. Sin jugar mal, no se había lucido demasiado Luciano Pons en el partido. Pero su instinto no falló para capturar ese pelotazo llovido de Marrone a espaldas de su marcador, dominar la pelota y gatillar el remate que venció a Monllor. Que desató la locura en Villa Crespo y los cantos irónicos por las demoras contra los jugadores de Armenio. Todo era felicidad, aunque Colegiales todavía siga lejos. Es que el triunfo le dio a Atlanta el pasaporte para seguir soñando. Y para que, por las condiciones en las que se consiguieron los tres puntos, la noche se volviera inolvidable.
Atlanta (2): Losada; Podestá, Otermín, Verino (PT 31’ Castro) y Esmaíl; Mancinelli (ST 28’ Tolosa), Marrone, Cequeira (ST 17′ Ezequiel Rodríguez) y Cardozo; Olego y Pons. DT: Aníbal Biggeri. No ingresaron: Dobler, Guerra, Tolosa y Jonathan López.
Deportivo Armenio (1): Monllor; Pascual, Nebot, Nelson González y Paz; Romero (ST 41’ Salina), Rojas, Parentini, Altuna (ST Cantero); Montero (ST 37’ Fernándo Sánchez) y Molina. DT: Néstor Ferraresi. No ingresaron: Coloca, Russo, Ibarra y Mendoza.
Goles: PT 18′ Mancinelli (Atl); ST 3’ Rojas (DA); 51’ Pons (Atl.).
Amonestados: Losada (Atl), Montero y Rojas (DA).
Árbitro: Eduardo Gutiérrez.
Cancha: Atlanta.
Foto: Juan Ignacio Calcagno.
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