Epico, histórico, inolvidable

Atlanta logró un triunfo de esos que se recuerdan durante décadas. A tres minutos del final, Estudiantes se puso 3-1 con un hombre menos, pero en cuatro minutos el equipo del Pepe Castro metió tres goles, lo dio vuelta y ratificó que le sobran ganas y personalidad.

 

Por Gaspar Zimerman

El de Lorefice a River. El de Lucas Ferreiro a Tigre. El de Sparapani a Sarmiento de Junín. El de Sardella a Chacarita. El gol de Milton Giménez a Estudiantes, a los 47 del segundo tiempo, se mete dentro del panteón de los más gritados por los hinchas de Atlanta en lo que va del siglo XXI.  Porque fue el 4-3 en un partido que cinco minutos antes parecía perdido, y que ahora será recordado eternamente. Histórico, épico, inolvidable: todos los adjetivos de ocasión quedan chicos para este triunfo de Atlanta.

Es cierto que recién estamos en la octava fecha del torneo, como se encargó de señalar un Pepe Castro con los pies en la tierra. Pero esta victoria es de esas capaces de dar un envión que marque un antes y un después. Porque Estudiantes es, junto con Riestra, uno de los rivales más serios en la pelea por el título. Y porque  –como en el partido contra Riestra, justamente, aunque el resultado esa vez fuera otro- este Atlanta ratificó que si algo le sobra es personalidad.

Fútbol todavía le falta. El mejor juego de Atlanta –formó con los mismos que en el triunfo frente a la UAI Urquiza- se vio en ráfagas durante el primer tiempo. Pero Estudiantes tiraba el achique, esperaba agazapado para la contra, y tuvo la primera llegada clara. Su tridente ofensivo, uno de los mejores de la categoría, armó una gran jugada que terminó tapando brillantemente Rago: centro de Altamirano, la bajó Ruiz Gómez y el uno bohemio se lo tapó a Joao, que había definido de volea.

Parecía que el partido se equilibraba, pero Atlanta encontró el primero: centro de Molina desde la derecha, la peinó en contra Angel García y Horacio Martínez cabeceó al gol. Fue una revancha: García debía haberse ido expulsado unos minutos antes por un patadón contra el propio Martínez, que terminó saliendo lesionado por esa falta.

La cancha estaba rápida, el partido tenía mucho ritmo y, a partir de ahí, los roles se invirtieron: Estudiantes trató de ir a buscar el empate, pero defendía en línea y el peligro siempre estaba en los contraataques de los locales, con pelotazos precisos que buscaban a Mazzanti –siempre hizo una de más-, Colombini –su mejor partido en Atlanta- y el goleador Martínez, uno de los indispensables de este equipo.

Cuando parecía que el segundo gol estaba al caer, la defensa, que tan sólida había estado en las primeras fechas, mostró uno de los tantos desacoples de la tarde. Joao aprovechó un quedo de Tecilla y empató de arremetida, en el último minuto del primer tiempo. Pero en la misma jugada se fue expulsado por un manotazo al propio Tecilla, posterior a que la pelota entrara en el arco.

Atlanta salió al segundo tiempo con un jugador más y la obligación de salir a buscar otra vez el triunfo. Tuvo la pelota, pero no creó peligro serio. Los diez de Estudiantes estaban bien parados. Y se animaron: Rago se lo tapó a Ruiz Gómez y, después, sacó al córner un tiro furibundo de Leonel González. De ese tiro de esquina, el árbitro Pablo Giménez cobró un penal de esos que nadie ve y nunca se cobran, por un supuesto agarrón de Cherro a Tovo.

Altamirano puso el 2-1 y, a partir de ahí, Atlanta fue puro desconcierto. Sólo llegó con un supuesto penal a Pedrozo –había entrado por Martínez- que el árbitro no cobró. Después se repetía con centros, sobre todo de Colitto y Enrique, pero sin generar demasiado peligro, ni siquiera con Caneo -entró mejor que contra Flandria, pero todavía no se acopló al equipo- y Milton Giménez en cancha.

Faltaban tres minutos y Altamirano puso el 3-1 después de un error grosero de Tecilla, que permitió que Emanuel Ibáñez le robara la pelota. Era injusto, pero todo parecía terminado. Pero Atlanta sacó del medio, llegó hasta el área de enfrente y Pedrozo descontó con un derechazo tremendo. Empezaba a gestarse la hazaña.

Se cumplían los 90 y otra vez Molina –otro jugador clave de este equipo: participó en los cuatro goles- puso un centro perfecto para que la palomita de Colombini  se transformara en el 3-3. Todavía quedaban los cuatro minutos de descuento, Estudiantes estaba groggy y Atlanta fue por más. Y lo encontró con el desborde de Colombini, el centro pasado que bajó Molina para Milton Giménez, que metió un gol de esos que se recuerdan durante décadas.

 

Atlanta (4): Rago; Molina, Cherro, Tecilla y Alan Pérez (ST 28’ Milton Giménez); F. Enrique, Previtali y Colitto; Mazzanti (ST 14’ Caneo), Horacio Martínez (ST 5’ Pedrozo) y Colombini. DT: Fabián Castro. No ingresaron: Viain, Figueira, Seijas y Morales.

Estudiantes (3): Saracho; Patricio Romero, Tovo, Angel García y Leonel González; Emanuel Ibáñez, Villarreal, Sayavedra (ST 45′ Becker); Joao; Ruiz Gómez (ST 15’ Carrizo) y Altamirano.

Goles: PT 18’ H. Martínez (A), 46’ Joao (E). ST 20’ y 42’ Altamirano (E, el primero de penal), 43’ Pedrozo (A), 45’ Colombini (A), 47’ Milton Giménez (A).

Amonestados: A. Pérez, Enrique y Colitto (A); Saracho, Tovo, Angel García y Carrizo (E)

Expulsado: PT 46’ Joao (E).

Arbitro: Pablo Giménez.

Cancha: Atlanta.

Fotos: Juan Ignacio Calcagno.